Me fascinan las carreteras. La libertad, la sensación de poder estar en cualquier parte y el disfrutar el camino tanto como el destino. Como decía el slogan, me gusta conducir
En tiempos donde los niños no iban en sillas especiales en los coches, el cinturón de seguridad no era más que un adorno y los controles de alcoholemia brillaban por su ausencia, yo, siendo aún un niño, siempre iba en el asiento delantero del coche con mi padre.
Me encantaba la carretera, aprender las referencias de cuando íbamos llegando a los sitios, saber porqué cambiaba de marcha, qué significaba cada señal. Siempre deseé conducir, ser yo quien llevara ese coche a cualquier lugar.
De mayor, sigo manteniendo esa pasión por conducir. Coger una carretera nacional, con sus curvas y sus baches, e ir despacio. Saborear un poco el paisaje, sentir el asfalto de verdad. Es esa sensación de libertad, de que puedo ir donde quiera, de que soy durante ese tiempo, dueño de mi destino. Lo de las motos, y porqué no voy en moto, ya es otra historia que contaré en otro momento.